top of page

Todo empezó en octubre del 2019. Tras un largo periodo de síntomas esporádicos, acudí al médico cuando éstos fueron en aumento. Algo no estaba bien. 

El diagnóstico fue rápido, Acalasia tipo II. El pronóstico, desalentador. Según la médico que me atendía en consulta se trataba de una enfermedad crónica e incurable. Si, al parecer, conviviría con la Acalasia el resto de mi vida, incluso aunque pasase por quirófano que era lo que la medicina convencional me proponía.

En aquella época y salvo alguna excepción aun comía normal. La opción de la cirugía estaba ahí y lo tenía que valorar. No tenía prisa.

Pero… a los dos meses todo cambió. En plena Navidad y con todo el mundo queriendo comer y beber hasta reventar, yo, vomitaba incluso el agua.

¡El pronóstico que mi Dra. me auguró se estaba cumpliendo y la enfermedad había progresado muy rápido!

¿Emocionalmente? hundida. Además, me sentía incomprendida, pero con el tiempo entendí que esa incomprensión que veía en los que 

me rodeaban, no era otra cosa que mi propia falta de comprensión de lo que estaba viviendo. No aceptaba que la enfermedad hubiera llamado a mi puerta; puro rechazo y máxima resistencia.

¿Sabes en qué derivaba ese estado emocional lamentable? en comer peor. Era un bucle sin fin. Me parecía injusto y me sentía víctima de la enfermedad.

 

Al poco tiempo me quedé embarazada de Noa. La cirugía tenía que esperar pero pasaría por el quirófano tras su nacimiento.

Ya lo había decidido, sin prisa pero lo haría. Quería calidad de vida y en mi mente no existía otra opción.

Tuve una mañana la “suerte” de no poder desayunar, y eso hizo que entrase en la parafarmacia de mi pueblo para comprar algo saludable y probar suerte de nuevo.

 

Tras mencionar a mi amiga Acalasia a la maravillosa mujer que allí me atiende siempre, surgió una interesante y larga conversación. Hablamos del mundo emocional, de los traumas, de la infancia. Esa área hasta el momento tan desconocida y desatendida en mi vida.

 

¡Wow! ¡había algo que "no tragaba, que no lograba digerir"!

Ahí empezaron a surgir mis dudas, para finalmente anular la cirugía ya programada y emprender este liberador camino. 

 

El camino a la sanación.

Apoyándome en diversas terapias y mi propia implicación, dedicación y constancia me han aportado salud y bienestar.

Mi perspectiva con respecto a la enfermedad ha cambiado. Ya no soy víctima de las circunstancias, ahora se que la enfermedad llegó a mi vida con un propósito. Ésta me proponía un cambio y yo acepte. Acepté con todas las consecuencias.

Dejé de preguntarme ¿por qué a mí? y cambié esa pregunta por un poderoso ¿para qué?

Mi mensaje no es otro que decirte que si te implicas, se puede, pero tienes que querer. Quererlo con todas tus fuerzas aun sabiendo que el camino no será fácil. Las personas que nos adentramos en este viaje, las que avanzamos sin abandonar o rendirnos, somos valientes, y para nosotros, los que nos implicamos, siempre hay recompensa.

Hay una frase que me gusta y dice así:  "La magia es para quien sigue avanzando".

Hoy desde mi propia experiencia y sanación te brindo mi ayuda. Así nacía Cuerpo Emocional, para acompañar a otras personas con padecimientos en su camino.

Recuerda que pedir ayuda no es rendirse, sino negarse a darse por vencido.

 

¿Mi objetivo? que recuperes el equilibrio perdido para volver a la tan ansiada salud.

bottom of page